Bautismo colectivo ante 5.300 testigos de Jehová en el pabellón Príncipe Felipe

Bautismo colectivo ante 5.300 testigos de Jehová en el pabellón Príncipe Felipe
La asamblea religiosa “¡Nuestra liberación está cerca!” termina hoy en Zaragoza con varios discursos.

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Unos jóvenes suben a la piscina del bautizo colectivo, ayer en el pabellón Príncipe Felipe

EVA DEFIOR. Zaragoza | Se ponen en pie 5.330 personas. Alzan el libro “Cantos y alabanzas de Jehová” abierto por el cántico 204 y corean al unísono: “¡Aquí estoy!, envíame”. Sus voces hacen temblar el pabellón Príncipe Felipe de Zaragoza y los protagonistas del “bautismo colectivo” se levantan de las gradas para vestirse con el “modesto” bañador y la toalla..

Esta escena se repite a lo largo de todo el planeta. Los testigos de Jehová celebran su Asamblea de Distrito “¡Nuestra liberación está cerca!”. En España, los más de 100.000 miembros de esta organización religiosa se reúnen en más de 20 capitales. Hoy termina en Zaragoza este encuentro multitudinario, en el que han participado 20 congregaciones formadas por aragoneses, catalanes, riojanos y navarros.

Una de las ceremonias más destacadas de esta reunión es el bautismo colectivo. En él, los testigos que han estudiado y conocen a fondo la Biblia piden ser bautizados. “Como Jesucristo en el Jordán, se les sumerge íntegramente en una piscina”, explicaba Juan Carlos Muñoz, uno de los organizadores.
La conversión de Silvestre

El primero en bautizarse como ministro de Jehová fue Silvestre Hernández, de 82 años y vecino de la localidad de Alcañiz. Está enfermo de cáncer y del corazón. “Cualquier día morirá. Hace tres años que estudia la Biblia y no es el mismo desde entonces. Antes era un cascarrabias. Jehová le ha devuelto la felicidad. No puedo creer que vayamos a resucitar juntos en el Paraíso”, afirmaba su esposa, Angelina, de 73 años.

Con ayuda y bajo la mirada de más de 10.000 ojos, subió las escaleras de la piscina, se tapó tembloroso la nariz y se sumergió. Al salir lloró sin cesar. Angelina, que tampoco podía contener la emoción, le ofreció un largo abrazo y le secó el cuerpo con una pequeña toalla de color fucsia. Tras él, otros 47 testigos de Jehová pasaron por esta improvisada “pila” bautismal, la mayoría menores de 25 años.

“Este dios es bueno, lo he comprobado en las Escrituras. Por eso he entregado mi vida a él voluntariamente y basaré mis actos en sus palabras”, argumentaba empapado Samuel Villabrilla, un zaragozano de 15 años que fue bautizado junto a su hermano gemelo, Jonathan. “En el colegio sólo los amigos íntimos saben que estamos en esto. No dicen nada, aunque a veces no estamos de acuerdo en muchas cosas”, añadía Samuel.

Durante los tres días que dura el encuentro, los fieles intercambian experiencias y aprenden de la Biblia. En concreto de la “Traducción del Nuevo Mundo de las Santas Escrituras”, editada por ellos mismos.

En los altavoces suena la palabra de Dios en la boca de varios oradores que leen textos bíblicos. “Satanás es el gobernante del mundo y tiene su descendencia desde Caín. Somos proclamadores del Reino de Dios y del Paraíso que reemplazará a este tiempo, el tiempo del fin. Sólo 144.000 personas irán al cielo para gobernar con Dios”, se escucha. Desde las gradas, ancianos, familias, solteros, jóvenes e incluso niños no quitan ojo de su Biblia y toman nota de las explicaciones. “La palabra de Dios tiene un valor práctico y nos ayuda a solventar los problemas personales. Somos predicadores de su mensaje, vamos de puerta en puerta”, explica Juan Carlos Muñoz, que acude semanalmente a la Escuela del Ministerio Teocrático, donde se aprende oratoria. En Zaragoza, los fieles se reúnen en los llamados “Salones del Reino”, distribuidos por los barrios del Actur, Torrero, San José, Las Fuentes y Delicias.

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