Según las estadísticas, el perfil de la persona que suscribe el documento de voluntades anticipadas (DVA) es una mujer (67% del total) mayor de 50 años. Alrededor de uno de cada cinco de los testadores son Testigos de Jehová, que se garantizan así cumplir el precepto de su religión que les prohíbe recibir transfusiones de sangre. Por esta razón, prácticamente todos los feligreses de este culto suscriben el testamento vital que, para la mayor parte de la sociedad, es un completo desconocido. Estas son algunas de las preguntas más habituales sobre el DVA.
1. ¿Cuándo puedo realizar el testamento vital (DVA)?
Un documento de últimas voluntades será válido cuando esté firmado por una persona mayor de edad, con capacidad legal.
2. ¿Qué debo hacer constar?
Instrucciones y límites referidos a las actuaciones médicas ante determinadas situaciones: es decir, qué quisiera y qué no quisiera la persona respecto a tratamientos y cuidados en caso de incapacidad temporal o definitiva. Se puede solicitar que no sean aplicadas o se retiren medidas de soporte vital (reanimación, diálisis, conexión a un respirador, nutrición e hidratación…). También puede especificarse la elección del lugar (hospital, domicilio…) donde se desea recibir los cuidados paliativos, la voluntad de ser donante de órganos, el deseo de recibir asistencia religiosa o no, si se es contrario a la autopsia, si se desea donar el cuerpo a la ciencia…
3. ¿Cómo lo puedo realizar?
De tres modos: 1-Ante tres testigos, que serán personas mayores de edad y no vinculadas con el otorgante por matrimonio, unión libre o pareja de hecho, parentesco hasta el segundo grado de consanguinidad o afinidad, o por relación patrimonial alguna. 2-Ante notario (no hacen falta testigos). 3- Ante el funcionario encargado del registro vasco (sin testigos) en la sede del Departamento de Salud que corresponda al domicilio de quien otorgue. Hay que pedir cita previa (945 019254 o en registrodevoluntadesanticipadas-san@ej-gv.es)
4. ¿Cómo se redacta?
Existen diversos modelos de DVA, que pueden descargarse de la web de Osakidetza o en la de la asociación Derecho a Morir Dignamente (DMD).
5. ¿Y si cambio de idea?
El DVA se puede modificar, sustituir o revocar en cualquier momento.
A diferencia de otros productos, no necesita aplicar presión sobre la herida.
Forma una cubierta que imita la piel.
Un estudiante de Nueva York asegura haber creado un gel que detiene las hemorragias de forma instantánea.
Veti-gel es capaz de iniciar el proceso de coagulación y cicatrización de forma que las heridas se cierran al momento.
La posibilidad de curar al instante una hemorragia tras una herida era hasta ahora territorio de la ciencia ficción. Películas y series nos mostraban increíbles “pócimas” donde el hombre era capaz de sanar las heridas. Ahora un estudiante en Nueva York asegura haber logrado algo parecido, un gel que detiene las hemorragias de forma instantánea.
El autor de este trabajo es Joe Landolina, un estudiante del Polytechnic Institute of New York University. El joven ha creado el Veti-Gel, una sustancia que es capaz de cerrar las heridas de las arterias u órganos principales para detener inmediatamente las hemorragias. Asegura que el Veti-gel es capaz de iniciar el proceso de coagulación y cicatrización de forma que las heridas se cierran al momento.
¿Cómo? Tal y como explica, el producto utiliza plantas modificadas genéticamente y se puede almacenar a temperaturas de entre 33 hasta 90 grados Fahrenheit. Una forma sintética de la matriz extracelular (MEC), una parte de tejido del cuerpo que mantiene las células juntas y activas en el proceso de coagulación. Veti-gel se une a MEC para formar una cubierta que imita la piel y es capaz de eliminar la necesidad de aplicar presión sobre la herida.
Si bien existen otros productos para curar rápidamente las heridas, como QuikClot, apósito utilizado por los militares, este requiere de varios minutos de presión sobre la herida. Según Landolina, este gel que detiene las hemorragias puede ser utilizado tanto para heridas internas como externas, así como quemaduras graves, siempre funcionando al instante.
Landolina se encuentra en estos momentos tratando de probar la sustancia en el ámbito veterinario. De resultar con éxito, buscará obtener la aprobación de la FDA (Food and Drug Administration).
Les dejamos con el vídeo sobre el funcionamiento de Veti-gel:
El programa contempla aplicar la técnica incruenta en las intervenciones de vesícula, extirpación de tumores de mama y de colon y de trauma.
Cirugía sin sangre en Manises. Preparar a los enfermos para que entren al quirófano fuertes y con el nivel más alto de sangre, y disponer de unas máquinas para recuperar la sangre que pierde el paciente en la sala de operaciones y refundírsela después, son estrategias que prepara el hospital de Manises para convertirse en el centro estrella de la cirugía sin sangre, una opción que busca atraer a los Testigos de Jehová.
PILAR G. DEL BURGO VALENCIA Todavía no es el hospital de los Testigos de Jehová pero lo será en breve, cuando el programa de cirugía sin sangre comience su andadura. El hospital público de Manises, que gestiona la UTE de Sanitas y Ribera Salud, quiere convertirse en el centro de referencia de la Comunitat Valenciana en el abordaje quirúrgico incruento y, en unos años, hasta de España, junto con la Clínica Teknon que es la líder indiscutible en este tipo de operaciones.
El de Manises, como todos los centros hospitalarios públicos o privados, dedica anualmente una partida importante a pagar la factura del Centro de Trasfusiones que tiene la exclusividad en la extracción y tratamiento de los derivados sanguíneos. La sangre que es un bien “escaso y precioso” como la define el director asistencial del centro, Carlos Rodrigo, no está exenta de riesgos cuando hay que trasfundirla a un paciente.
Esta fue la doble óptica que llevó a la dirección a poner en marcha el ambicioso Plan de Ahorro de Sangre que pivota sobre tres principios estratégicos: preparar bien al paciente, ampliar la formación y las habilidades del equipo quirúrgico y disponer de los últimos equipamientos para no desperdiciar ni una sola gota de sangre que un paciente pierde en una intervención.
El horizonte se vislumbra, ya que en un futuro inmediato el programa de cirugía sin sangre -que es la segunda fase del Plan de Ahorro- incluirá las intervenciones de vesícula, extirpación de tumores de mama, neoplasias de colon, tiroides, hernias y, sobre todo, cirugía de traumatología. Eso sí, con una excepción como son los recambios de prótesis donde se consume gran cantidad del precioso líquido porque los pacientes, casi todos de avanzada edad, la pierden como si fuera agua de un grifo abierto.
Recuperador periquirúrgico
Uno de los elementos de esta magna aventura que más juego va a dar es el “recuperador periquirúrgico”, un aparato que recoge la sangre que el paciente pierde en el transcurso de la intervención y la filtra para podérsela trasfundir con riesgo cero a continuación, porque es del propio enfermo.
Pero para evitar el uso del recuperador, el plan contempla que el paciente llegue al quirófano con una preparación sanguínea excelente. Ya sea porque se le ha dado o inyectado hierro, EPO o moléculas de recuperación sanguínea. “El enfermo tiene que estar en las mejores condiciones”, afirmó el director asistencial que señaló que lo que se preve es que llegue al quirófano con un nivel de hemoglobulina de 15 en vez de 12. Más vigoroso.
Rodrigo ya tiene datos que indican que el programa de cirugía sin sangre irá viento en popa, ya que en 2012 con el Plan de Ahorro se consumió la misma que en 2011, operando un 12,8 % más.
El directivo apuntó que la iniciativa solo puede consolidarse con unos profesionales concienciados en preservar el consumo de sangre. Los cirujanos tienen que adquirir gran habilidad instrumental, “ser más finos y más estrictos, porque una técnica más cuidadosa reduce el consumo de sangre en coste y seguridad”.
Carlos Rodrigo apuntó que ya hay pacientes Testigos de Jehová que acuden a Manises al conocer que existe un programa de ahorro de sangre. “Y ahora, se les podrá ofertar un mayor número de intervenciones sin sangre o con el menor consumo posible”, un nicho económico de boyante futuro que también ha comenzado a explotar el hospital de Torrevieja, que gestiona la UTE Ribera Salud y Asisa.
Este año, la II Semana del Uso Racional de la Sangre, Afrontando retos, que tendrá lugar entre los días 5 y 10 de noviembre, tiene como objetivo difundir los últimos avances, conceptos, técnicas y tecnologías que afectan a esta práctica.
Durante esta semana, organizada por la Unidad de Medicina y Cirugía Sin Sangre (UMCSS) y Fundación Teknon, se atenderán de manera específica diferentes temáticas de interés para aquellos profesionales que trabajan en entornos “sin sangre”, temáticas entre las que destacan el abordaje de la hemorragia obstétrica o el choque hipovolémico, entre otros.
La semana, basada en la Awareness Week que lidera la Society of Advancement of Blood Management (SABM) en Estados Unidos, es un foro óptimo de diálogo dedicado a la población en general, para dar a conocer el concepto Blood Management, como a profesionales, para compartir novedades y progresos.
Un espacio que cuenta con el aval científico de diferentes entidades, y créditos de formación continuada, donde expertos de reconocido prestigio nacional e internacional como el Dr. Spahn, la Dra. Cristina Rossi o el Dr. Antonio Pérez Ferrer, se darán cita para compartir experiencia y recursos.
Para Centro Médico Teknon, la UMCSS representa una mejora para los pacientes tanto a nivel ético y tecnológico, como a nivel cualitativo. Una opción innovadora que garantiza una mejor llegada al entorno quirúrgico, la búsqueda de la mejor opción terapéutica valorando el riesgo de sangrado, siendo un proceso sometido a un control riguroso.
Si no te es posible asistir puedes seguir el programa en directo en la Web de Teknon. www.teknon.es/sin-sangre
Los cerca de 7.000 testigos de Jehová que hay en la provincia de Málaga podrían beneficiarse del servicio, además de las personas con problemas inmunológicos
El Hospital CHIP ha incorporado una unidad para intervenir en quirófano a personas que rechazan física o ideológicamente las transfusiones. De este modo, tratarán la anemia preoperatoria, minimizarán las hemorragias y devolverán cuando sea posible el flujo sanguíneo de forma intraoperatoria.
MARINA FERNÁNDEZ El Complejo Hospitalario Integral Privado (CHIP) presentó ayer la Unidad de Cirugía Sin Sangre, que proporcionará un tratamiento integral a todos los pacientes que por motivos religiosos o inmunológicos deseen someterse a un proceso médico o quirúrgico sin necesidad de una transfusión de sangre.
Cabe recordar que los testigos de Jehová –en Málaga se estima que la cifra es de casi 7.000– rechazan las transfusiones principalmente por sus principios bíblicos relacionados con abstenerse de sangre y el uso que se le debe dar a la misma, por lo que no aceptan ser intervenidos en operaciones quirúrgicas dadas las posibilidades de necesitarlas.
Y es que aunque cualquier médico puede operar sin necesidad de trasfundir sangre, el riesgo siempre existe, por lo que muchos cirujanos se declaran objetores de conciencia. Por este motivo, el hospital CHIP ha querido incorporar la unidad, para que un paciente que no quiera o pueda recibir una trasfusión sanguínea pueda ser intervenido. Así, esta proporcionará tratamientos sin empleo de sangre apoyándose en técnicas científicas que permiten tratar la anemia preoperatoria, minimizar las pérdidas de sangre durante las intervenciones quirúrgicas o recuperar y devolver la pérdida de sangre intraoperatoria.
El coordinador de la Unidad de Cirugía Sin Sangre de CHIP, José Rivas Becerra, explica que la sangre es un bien cada vez más escaso, por lo que no está de más hacer un uso racional de la misma y además ponérselo fácil a aquellas personas que por sus creencias no desean la de otra persona. «Prevalece el principio de autonomía», asegura el doctor. Además, señala que las transfusiones sanguíneas no están exentas de riesgos como posibles infecciones, por lo que también ayuda a las personas que en su día desarrollaron alguna reacción.
El también especialista en cirugía general y del aparato digestivo destaca que cuando la unidad trate una operación urgente se emplearán recuperadores que sangre que disminuyan la hemorragia. También usarán el tratamiento con eritropoyetina, que aumentará los niveles del hematocrito y la hemoglobina reduciendo las necesidades transfusionales de los pacientes.
En el caso de los pacientes con una operación programada que tengan anemia, recibirán tratamientos de choque para que los niveles se incrementen al menos treinta días antes de la intervención.
Rivas afirma que el cuerpo humano cuenta con alrededor de cinco litros de sangre y que una operación de cadera o rodilla puede suponer la pérdida de uno, por lo que es fundamental que los especialistas del quirófano estén preparados en caso de que el paciente rechace las trasfusiones. «Es un reto que no todo el mundo está dispuesto a asumir», reconoce.
En cuanto a la recuperación de estos pacientes, el coordinador de la unidad asegura que evitando las transfusiones sanguíneas hay menor tasa de infecciones y también de problemas pulmonares. «La recuperación es lenta, pero se evitan riesgos», añade.
De este modo, durante la intervención, se hace una hemostasia exhaustiva –que el paciente coagule bien–, el anestesista lleva a cabo un control permanente y los compañeros de UCI también para cuantificar los drenajes y las analísticas junto al apoyo farmacológico. «Se necesita del conjunto de especialistas, que debe estar bien coordinado para que la pérdida de sangre sea mínima».
IPS INVOCÓ DERECHO A LA VIDA, PERO TRIBUNAL HIZO PREVALECER DERECHO A LA INTIMIDAD
Una discutida como polémica sentencia emitió la Cámara de Apelaciones, cuarta sala, al revocar un fallo que ordenó que un paciente, que profesa el culto Testigos de Jehová, se realice una transfusión de sangre. Los camaristas obviaron el derecho fundamental a la vida e hicieron prevalecer el derecho a la intimidad.
Lici Sánchez, jueza de garantías.
La Asesoría Jurídica del Instituto de Previsión Social (IPS) había promovido un amparo contra el paciente Pablo Manuel Sosa, por negarse a realizar una transfusión de sangre porque pertenece a la religión Testigos de Jehová.
Los médicos de la previsional indicaron que Sosa debía someterse a una cirugía, tras sufrir un accidente automovilístico y que las posibilidades de requerir la transfusión para elevar su nivel de hemoglobina podrían ser imprescindibles para salvarle la vida.
Fallo revocado
Así lo entendió la jueza penal de garantías Lici Sánchez y concedió el amparo para que Sosa sea transfundido, en caso de ser necesario para proteger su vida. La magistrada dictó su resolución el 6 de setiembre de 2012 a través de la Sentencia Definitiva N° 58.
La jueza dispuso que los médicos realicen el tratamiento médico necesario, incluyendo transfusión sanguínea, provisión de medicamentos, intervención quirúrgica y a precautelar todas las contingencias y derivaciones que puedan contraponerse a la salud del demandado.
Derecho a la intimidad
Luego de conocer la sentencia favorable del amparo, el paciente Sosa, bajo patrocinio de la abogada Abigail Irene Alonso, recurrió el fallo ante la Cámara de Apelaciones.
Los camaristas Lucio Portillo, Emiliano Rolón Fernández y Arnulfo Arias, por unanimidad, revocaron el fallo de primera instancia.
“Desde esta perspectiva, el IPS se encuentra deslegitimado para la promoción de la acción de amparo ya que, repito, como ente estatal se encuentra con la obligación de la protección de la vida y la salud de la persona, aún cuando el cumplimiento de las tutelas conlleve eventuales consecuencias a su derecho, este no otorga directamente legitimación al ente de seguridad social, pues eventualmente quedará resguardado por la declaración expresa de voluntad del paciente a su negativa de someterse a la transfusión sanguínea”, refiere el Tribunal en su argumentación.
Agregaron los camaristas que la autonomía de la voluntad individual de las personas está sustentada en la dignidad y la libertad de la persona de disponer de su cuerpo, ya que el caso no tiene siquiera punto de comparación con la reprobada eutanasia que podría contraponerse a los valores fundamentales confrontados.
Seguidamente, alegaron lo que dispone el artículo 33 de la Carta Magna sobre la intimidad personal y familiar, así como que el respeto a la vida privada son inviolables, y en tanto esta conducta no afecte el orden público, está exenta de autoridad pública.
Derecho a la vida
Los magistrados no se pronunciaron sobre el “derecho a la vida”, que tiene un rango superior a los demás derechos fundamentales.
Afortunadamente, el paciente Sosa no requirió de la transfusión sanguínea durante su cirugía.
Resta saber si en caso de haberla necesitado y los médicos no le transfundían, cuál sería la responsabilidad civil y penal de los galenos.
Ante la consulta de porque se oponen ante la transfusión de sangre, los religiosos Carlos Zapaya Mario Maratta explicaron el porque desde su religión se prohíbe la transfusión de sangre. “Nuestras creencias se basan en la Biblia, la Biblia explica que la sangre tiene santidad y en ella se asienta la vida”, afirmó Maratta. Explicó que su religión prohíbe incorporar sangre extraña por cualquier medio y ante casos médicos existen otras opciones a la transfusión de sangre.
Según explicó el religioso “la medicina recién esta conociendo muchas cosas de la sangre, la sangre no es un liquido, sino un fluido y recién están aprendiendo las complicaciones de las transfusiones de sangre”. Ejemplificó diciendo que “el efecto que tiene el ADN femenino incorporado por transfusión en el ADN del sexo masculino y los resultados han sido alarmantes, la medicina ha llegado a saber que la sangre es un tejido y cuando se hace una transfusión se hace un transplante”.
Maratta consideró que todas las personas somos diferentes y toda la sangre es diferente, por más que pertenezca al mismo grupo sanguíneo. Indicó que ha habido casos de transfusiones de sangre que terminan en muerte por un “shock de transfusión”.
En los casos de operaciones a los Testigos de Jehová, se realizan operaciones sin transfusiones sanguíneas y a través de otros tratamientos médicos se pueden llevar adelante las intervenciones médicas.
Los religiosos explican que “hay impresionantes formas de obtener sangre sin transfusión como la hemodilución”. Pidieron que las personas hagan ejercer su derecho a informarse, antes de las intervenciones médicas.
Por su parte Zapaya explicó que además de la hemodilución existen intervenciones que han evolucionado mucho de cirugías sin perdida de sangre y además de equipos de recuperación de sangre.
Un estudio reciente sugiere que los Testigos de Jehová están en lo cierto.
En los Archives of Internal Medicine, los médicos de la Clínica Cleveland informó el mes pasado que los testigos que fueron sometidos a cirugía cardíaca sin una transfusión de sangre fue mejor que los no-testigos en cuanto a la infección y de complicaciones, duración de la estancia hospitalaria y de corto y largo plazo supervivencia.
Aunque el estudio, que comparó 322 pacientes de cada grupo, se centró sólo en la cirugía cardíaca, muchos médicos reportan tendencias similares en ortopedia, ginecología y neurocirugía.
En 1962, el Dr. Denton Cooley fue pionero en los llamados incruenta operación a corazón abierto en pacientes Testigos de Jehová de Texas. Desde entonces, la práctica ha evolucionado hasta el punto de que muchos cirujanos, independientemente de las creencias religiosas del paciente, tratan de minimizar la pérdida de sangre cada vez que pararse sobre la mesa de operaciones.
“Hemos tomado lo que hemos aprendido en la gestión de los Testigos de Jehová y la están aplicando a la población médica general en su conjunto”, dijo Jan Seski, director médico del Centro de Allegheny General Hospital de Medicina y Cirugía sin Sangre. “La sangre de por sí puede salvar la vida. Si usted tiene un paciente de trauma que viene después de un accidente de moto y están sangrando a la muerte, es necesario utilizar las transfusiones. Pero si se puede evitar, en algunos casos, usted recibirá una mejor resultado “.
Los testigos de Jehová rechazan las transfusiones de sangre por razones religiosas, pero muchos de ellos también temen la posibilidad de contraer enfermedades de transmisión sanguínea como la hepatitis o el VIH / SIDA a través de transfusiones.
No hay una metodología específica utilizada al realizar la cirugía sin sangre.Hospitales tomar un “enfoque programático conjunto”, dijo Seski, y deben adaptarse a las necesidades del paciente. No obstante, algunos procedimientos se usan para incrementar los conteos sanguíneos y para prevenir la pérdida de sangre antes, durante y después de la cirugía.
Antes de la cirugía, los médicos intentan normalizar recuento de sangre del paciente, ya que muchos son anémicos. Los pacientes con anemia no tienen suficientes glóbulos rojos sanguíneos sanos, que son responsables de proporcionar oxígeno a los tejidos corporales.
Los recuentos sanguíneos se puede levantar 1 gramo por semana proporcionando al paciente con hierro y hormonas de crecimiento sintéticos tales como la eritropoyetina, que estimula la médula ósea para producir células rojas de la sangre. El aumento de la velocidad con la que los médicos ahora pueden incrementar los conteos sanguíneos, a un nivel seguro para la cirugía es especialmente significativo, ya que los pacientes con un tumor maligno están mucho mejor cuando se opera en más temprano que tarde.
Una técnica desarrollada por hemodilución Seski y otros en 1977 en el MD Anderson Cancer Center es uno de una serie de estrategias utilizadas para guardar la sangre durante la cirugía. Se trata de un sistema de bucle cerrado que separa la sangre de un paciente en las células rojas de la sangre y el plasma claro. La máquina devuelve el plasma y una solución salina para el cuerpo del paciente durante la cirugía para igualar el volumen de sangre. Las células rojas de la sangre se mantienen en la máquina, sin embargo, y se devuelve al cuerpo en el extremo de la cirugía.
El cuidado postoperatorio de un paciente también es importante, ya que la sangre puede seguir siendo perdido después de una cirugía se haya completado. Las muestras de sangre, por ejemplo, puede eliminar hasta un litro por semana. Para reducir al mínimo la pérdida, los médicos ahora usan tubos pediátricos, dibujando pequeñas cantidades de sangre mientras sigue ganando los datos necesarios de la prueba.
Incisiones más pequeñas también han reducido la cantidad de sangre perdida durante la cirugía.
“Utilizamos un abordaje laparoscópico, y que nos permite llegar realmente a la gente antes de la cama porque no tiene dolor de una incisión grande,” dijo el Dr. James T. McCormick, que se especializa en la cirugía colorrectal. “Si se mantiene el tamaño de la herida pequeña, entonces, evidentemente, hay menos oportunidad de que haya una infección”.
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Doctors find patients do better without blood transfusions
A recent study suggests that Jehovah’s Witnesses are on to something.
In the Archives of Internal Medicine, doctors from the Cleveland Clinic reported last month that Witnesses who underwent cardiac surgery without a blood transfusion fared better than non-Witnesses in terms of infection and complication rates, length of hospital stays and short- and long-term survival.
Although the study, which compared 322 patients of each group, focused only on cardiac surgery, many doctors report similar trends in orthopedic, gynecological and neurosurgery.
In 1962, Dr. Denton Cooley pioneered so-called bloodless open-heart surgery on Jehovah’s Witness patients in Texas. Since then, the practice has evolved to the point that many surgeons, regardless of a patient’s religious beliefs, try to minimize the loss of blood each time they stand over the operating table.
“We’ve taken what we have learned in the management of the Jehovah’s Witnesses and are applying it to the general medical population as a whole,” said Jan Seski, medical director of Allegheny General Hospital’s Center for Bloodless Medicine and Surgery. “Blood in and of itself may be lifesaving. If you have a trauma patient that comes in after a motorcycle accident and they are bleeding to death, you need to use transfusions. But if you can avoid it, in some situations you will get a better outcome.”
Jehovah’s Witnesses refuse blood transfusions for religious reasons but many also fear the possibility of contracting blood-borne illnesses such as hepatitis or HIV/AIDS through transfusions.
There is not one specific methodology used when performing bloodless surgery. Hospitals take a “whole programmatic approach,” Seski said, and they must adapt to the needs of the patient. Nonetheless, certain procedures are used to increase blood counts and to prevent blood loss before, during and after surgery.
Before surgery, doctors attempt to normalize the patient’s blood count, as many are anemic. Patients who are anemic do not have enough healthy red blood cells, which are responsible for providing oxygen to body tissues.
Blood counts can be raised 1 gram per week by providing the patient with iron and synthetic growth hormones such as erythropoietin, which stimulate the bone marrow to produce red blood cells. The increased speed with which doctors can now boost blood counts to a safe level for surgery is especially significant, as patients with a malignancy are far better off when operated on sooner rather than later.
A hemodilution technique pioneered by Seski and others in 1977 at M.D. Anderson cancer center is one of a number of strategies used to save blood during surgery. It is a closed loop system that separates a patient’s blood into red blood cells and clear plasma. The machine returns the plasma and a saline solution to the patient’s body during surgery to equalize blood volume. The red blood cells are kept in the machine, however, and returned to the body at the end of surgery.
The postoperative care of a patient is also important, as blood can continue to be lost after a surgery is complete. Blood samples, for instance, can remove up to a pint per week. To minimize the loss, doctors now use pediatric tubes, drawing smaller amounts of blood while still gaining the necessary data from testing.
Smaller incisions have also reduced the amount of blood lost during surgery.
“We use a laparoscopic approach, and that allows us to really get folks up sooner out of bed because they are not having pain from a big incision,” said Dr. James T. McCormick, who specializes in colorectal surgery. “If you keep the wound size small, then obviously there is less opportunity for there to be an infection.”
El médico Carlos Salaverría añadió que los Testigos de Jehová son respetuosos de las leyes y de la vida porque precisamente está dentro de los postulados religiosos
Puerto La Cruz.- El médico Carlos Salaverría y el abogado Antonio Rodríguez, como voceros del Comité de Enlace para los Testigos de Jehová de Barcelona, exigieron su derecho a réplica a propósito del artículo titulado: “Entes difunden sentencia sobre transfusiones”, publicado en este diario el pasado 18 de junio.
Rodríguez refirió que de acuerdo con el ordenamiento jurídico vigente “tanto en la Constitución Nacional, como en las leyes Orgánicas y Ordinarias, así como en el Código de Deontología Médica, artículos 72 numeral 4 y 8 y Ley de Ejercicio de la Medicina (artículo 25 numeral 22) entre otros, se garantizan los derechos del paciente a elegir el tratamiento médico, previamente informado de los riesgos y beneficios de los mismos”.
Agrega que si bien estas normativas no se circunscriben a las transfusiones de sangre, la ley “establece que el paciente tiene derecho a rechazar cualquier tratamiento médico”.
En cuanto a la sentencia de la Sala Constitucional del Tribunal Supremo de Justicia, expediente 07-1121 del 14 de agosto de 2008, dijeron que esta establece que “el paciente tiene derecho a ser informado por el médico tratante previamente a la aplicación de cualquier tratamiento terapéutico; que el médico está en el deber de informar al paciente de los tratamientos alternativos que existan en el país y que el médico debe hacer uso de estas alternativas a solicitud del paciente”.
Rodríguez y Salaverría sostienen que la Sala Constitucional consideró que para poder administrar una transfusión de sangre, no debe existir en el país tratamiento alternativo alguno. “En ningún momento, los Testigos de Jehová han rebatido la sentencia antes señalada, ni legal ni científicamente”.
Agregan que no están en contra de la ley. “Más bien, esta sentencia es muy clara cuando establece que los galenos tienen el deber ético de hacer uso de los tratamientos médicos alternativos a las transfusiones de sangre respetando así la decisión del paciente objetor”.
Subrayan que con la sentencia los médicos tendrán que ser más cuidadosos a la hora de transfundir sangre, ya que si hay complicaciones y el paciente no autorizó la misma, son ellos los que tienen “la carga de la prueba”, es decir, tendrán que demostrar que era la única opción en el país, cosa que se evitan con el consentimiento informado.
Culto respetuoso
Salaverría añadió que los Testigos de Jehová son respetuosos de las leyes y de la vida porque precisamente está dentro de los postulados religiosos y éticos que están consagrados en las escrituras (Salmos 36:9; Romanos 13:1). Acota que por eso, los Testigos buscan atención médica de calidad y aceptan la inmensa mayoría de los tratamientos médicos.
“Sin embargo, por razones religiosas (Hechos 15:20) no admiten transfusiones de sangre, y en su lugar, solicitan alternativas a la misma, las cuales existen en el país (como lo expone la sentencia del Tribunal Supremo) y están siendo utilizadas con éxito”.
Salaverría destacó que la tendencia mundial es hacia la medicina no transfusional de hemoderivados, por lo que en el futuro este tipo de polémicas quedarán en el pasado.
Un estudio sugiere que los testigos de Jehová, cuyas creencias religiosas les impiden recibir transfusiones de sangre, evolucionarían tan bien como otros pacientes después de una cirugía cardíaca.
Los cirujanos suelen tomar precauciones prequirúrgicas adicionales (administración de vitaminas B y hierro) para asegurarse de que los glóbulos rojos de esos pacientes no bajen demasiado durante la cirugía. Y esas precauciones darían buen resultado.
“La estrategia de manejo actual (…) no aumentaría los riesgos en esos pacientes y, en realidad, algunas complicaciones disminuyen”, dijo la doctora Colleen Koch, coautora del estudio de la Clínica de Cleveland.
Con su equipo comparó la evolución de 322 testigos de Jehová operados del corazón en su centro entre 1983 y el 2011, sin utilizar una transfusión de sangre, con la de una cantidad igual de pacientes que habían recibido transfusiones. A la mayoría se le había realizado un bypass.
Una cantidad similar de ambos grupos (10 testigos de Jehová y 14 del grupo control) murió en el hospital. Un testigo de Jehová tuvo un infarto durante la cirugía, comparado con nueve del grupo que recibió transfusiones sanguíneas.
Los testigos de Jehová también pasaron menos tiempo en el hospital y la unidad de terapia intensiva y fueron menos propensos a necesitar otra cirugía por sangrados.
Ahora, “demostramos que los cuidados que tomamos son seguros”, dijo la autora.
Koch consideró que no existe motivo por el cual no se podría aplicar el mismo enfoque en pacientes con bajo riesgo de padecer anemia que no sean testigos de Jehová. La anemia, junto con el sangrado excesivo, es la causa principal por la que hay que hacerles una transfusión a los pacientes.
El equipo había demostrado que las transfusiones aumentan el riesgo de complicaciones. Y el doctor Victor Ferraris, cirujano del Centro Médico Chandler de la Universidad de Kentucky, Lexington, explicó que existe una “variación enorme” en cuanto a qué pacientes reciben una transfusión: entre el cero y el 88 por ciento de los pacientes tratados con un bypass, según el centro.
“Debemos examinar mejor algunas de estas prácticas y determinar si podríamos aplicarlas de manera más amplia”, dijo Koch.
“Esa es la cuestión fundamental”, dijo Ferraris, que escribió un comentario publicado con el estudio en Archives of Internal Medicine.
“Si podemos operar a todos esos testigos de Jehová de manera segura y obtener resultados comparables sin transfusiones, ¿Por qué no lo replicamos en el resto de los pacientes?”, se preguntó.
Ferraris señaló que una limitación del estudio es que los testigos de Jehová operados del corazón serían más saludables que otros pacientes: no fuman, no beben alcohol ni consumen drogas por vía intravenosa, y los médicos quizás evitan la cirugía cardíaca si están tan enfermos como para necesitar posiblemente una transfusión sanguínea.
Aún así, Ferraris opinó que más pacientes se beneficiarían, y menos necesitarían una transfusión si reciben la preparación prequirúrgica con las precauciones que se adoptan en los testigos de Jehová.
FUENTE: Archives of Internal Medicine, online 2 de julio del 2012
Existen métodos propuestos por los testigos de Jehová, ante la negativa de la transfusión sanguínea, para mantener la presión arterial de los pacientes. Fuentes del Instituto de Bioética de la Universidad Católica Argentina (UCA) explican que el problema mayor de las personas en estas circunstancias es el choque hipovolémico (rápida pérdida de sangre y disminución brusca de la presión arterial) con lo cual se deben tomar dos tipos de medidas que buscan evitar ese efecto:
1) impedir o detener las hemorragias;
2) mantener el volumen de sangre circulante y aumentar la concentración de glóbulos rojos. A tal fin los Testigos de Jehová proponen algunas técnicas médicas y quirúrgicas sin sangre, como alternativas a la transfusión:
Los profesiones del instituto indican que para mantener el volumen sanguíneo y evitar un choque hipovolémico, se utiliza una solución de lactato de Ringer, el dextrán y el almidón hidroxietílico.
Asimismo, también se recurre a las proteínas que estimulan la propia producción de glóbulos rojos (eritropoyetina), plaquetas (interleuquina11) y diversos glóbulos blancos (GM-CSF, G-CSF).
Otra posibilidad es utilizar máquinas de recuperación de sangre: por ese medio recuperan la sangre del paciente tratado durante la intervención quirúrgica, la cual luego es filtrada y reinfundida al paciente en un circuito cerrado. Y, por último, detallaron que otros medicamentos reducen la pérdida de sangre como la aprotinina o los antifibrinolíticos, o contribuyen a aminorar las hemorragias agudas, como la desmopresina.
Pablo Albarracini llegó a la Clínica Bazterrica hace un mes y medio. Dos ladrones le habían disparado cinco tiros en el cuerpo y uno en la cabeza, y los médicos le dijeron a su hermana que se despidiera. En ese lapso, Pablo mejoró y volvió a empeorar porque un cuadro de úlceras sangrantes obligó a operarlo mientras sufría una anemia severa. Y aunque todavía tiene dos balas alojadas en el cuerpo, perdió 20 kilos y no sabe nada de la lucha de su padre por hacerle una transfusión de sangre, le dieron el alta.
Jorge Albarracín. Lo hirieron en un asalto. Ayer dejó la clínica Bazterrica.
Albarracini (38) es Testigo de Jehová y había firmado un documento en el que manifestaba su rechazo a recibir transfusiones de sangre, seguirá su recuperación en la casa de un familiar de su esposa. A su casa de San Justo, donde el 4 de mayo dos menores lo secuestraron para robarle el auto, por ahora no volverá.
Pablo mueve los brazos y las piernas, está haciendo kinesiología para recuperar su musculatura y ya no tiene la traqueotomía ni se alimenta por sonda. El disparo que le dieron en la cabeza le afectó el ojo izquierdo y tiene lo que se conoce como “visión bulto”, por lo que deberá esperar seis meses para saber si podrá recuperarla. Aunque conversa y ya sabe qué fue lo que le pasó, también deberán esperar seis meses para definir si tiene o no secuelas neurológicas.
Siempre que se mantenga estable, en dos meses podrán pensar en una cirugía reconstructiva para colocarle una placa de titanio en la hendidura que tiene el cráneo. La hendidura se debe a que, apenas ingresó a la clínica, tuvieron que quitarle una parte del cráneo para liberar la presión. Más adelante verán si es necesario extraerle la bala que tiene alojada allí, y evaluar cuánto le molesta la que quedó alojada en la pierna.
Ahora que Pablo tiene el alta y puede mirar televisión, su padre deberá contarle por qué su foto sale en los medios. Pablo todavía no sabe que su esposa, también Testigo de Jehová, peleó para que la Justicia acatara su decisión de no recibir sangre ajena. Ni que su padre llegó hasta la Corte Suprema de Justicia en su desesperación por lograr que su hijo se salve. Esta semana se lo contará. Y todos esperan que Pablo no sienta que su padre quiso violar su voluntad y lo comprenda.
Estoy convencido que ustedes son profesionales que trabajan con rigor, objetividad e imparcialidad, buscando ante todo la verdad de cada noticia.
Ciertamente la medicina ha avanzado considerablemente en los últimos años. Tratamientos y alternativas que tiempo atrás parecían un sueño hoy están remplazando un uso ‘tradicional’ para muchas enfermedades e intervenciones quirúrgicas que ha mejorado la calidad de vida de los pacientes.
La profesión médica es muy consciente de los graves riesgos que conllevan las transfusiones sanguíneas. Por un lado está el natural rechazo que ofrece el cuerpo a cualquier tratamiento ‘invasivo’, como es el caso de un ‘órgano’ externo, en este caso la sangre de otra persona, lo cual retarda los periodos de recuperación. Por otro lado, el índice considerable de consecuencias graves producidas por las transfusiones sanguíneas, tales como la hepatitis, el V.I.H. y otras que todos los años causan miles de víctimas mortales, y otras con secuelas, están motivando a los profesionales, desde hace tiempo, ha encontrar alternativas seguras y de calidad. Además, la escasez de sangre en los centros hospitalarios, hace que muchas veces se deba intervenir buscando otras soluciones.
Sin duda, la experiencia y colaboración de los testigos de Jehová, mediante los ‘comités de enlace con los hospitales’ ha producido un avance significativo en la cooperación de ambas partes para buscar alternativas eficientes y de calidad, lo que ha hecho que miles de profesionales de la medicina en todo el mundo y centenares de hospitales firmen protocolos de colaboración que permiten respetar la postura de los pacientes testigos de Jehová.
Quienes conocen a los testigos de Jehová, saben que estas, son personas que aman la vida y por eso llevan vidas dignas y decentes evitando comportamientos y vicios que perjudican gravemente la salud, como el uso del tabaco, el abuso del alcohol, etc. No son mártires, pues acuden a los médicos y hospitales en busca de atención, y la mejor atención.
Más allá de entrar a valorar si una persona morirá o vivirá si recibe cierto tratamiento (lo cual en la mayoría de casos no se ajusta a la noticia periodística), lo cierto es que todo paciente tiene derecho al consentimiento informado, por lo que es un derecho ético y legal poder decidir qué medicina recibirá. Los médicos tienen obligación de informar y plantear las posibles alternativas, y es el paciente quien debe decidir.
Finalmente hay un elemento fundamental en todo este asunto; más importante que la vida, es ser consecuentes con los principios cristianos. Es lo que hace que la vida tenga sentido. Y esta es una postura similar que han defendido aquellas personas que, por defender unos valores y principios arriesgan su vida, a veces perdiéndola por luchar contra sistemas políticos totalitarios, como ocurrió en el Uruguay en la época de la dictadura. O ¿Sería considerado fanático el rey de España, o el presidente de Uruguay, por anteponer su lealtad a su país antes que su propia vida, en caso de necesidad?
El caso de la mujer que murió en Entre Ríos y el del testigo de Jehová que rechazaron transfusiones reavivaron la polémica sobre si el respeto a las convicciones religiosas debe ser absoluto. Qué dicen los expertos.
Los recientes casos de una mujer que murió en Entre Ríos por un grave cuadro de anemia y el riesgo de vida que corrió un joven baleado en un intento de robo en Buenos Aires, ambos tras rechazar una transfusión de sangre debido a sus convicciones religiosas como testigos de Jehová, reactualizó el debate acerca de si el respeto a la libertad de conciencia y religiosa debe ser absoluto o si el Estado tiene que poner algún límite. La sensibilidad moderna, sumado a un ambiente cultural poco valorativo de las creencias religiosas, hacen que opciones como las de Iris Fracalossi y Pablo Albarracini -los protagonistas de los últimos episodios de una larga saga aquí y en todo el mundo- resulten incomprensibles, por no decir crueles, para muchos. Pero más allá de una discusión teológica -los Testigos de Jehová se basan en una interpretación peculiar de la Biblia para rechazar una transfusión-, ¿puede cercenarse la libertad de conciencia y religiosa que, al decir de Juan Pablo II, por estar íntimamente anclada a la esfera más íntima de persona, constituye la razón de ser de las otras libertades?
El titular del Consejo Argentino para la Libertad Religiosa (CALIR) -que agrupa a expertos de diversos credos-, Octavio Lo Prete, destaca que la libertad de conciencia “es un derecho humano y, como tal, encuentra su fundamento en la dignidad humana. Lo cual exige que las personas sean ‘dejadas solas’ por el Estado cuando deciden sobre cuestiones esenciales de su vida”. Y señala que esa libertad, en general junto con la religiosa y de pensamiento, está reconocida en los principales instrumentos internacionales”. De hecho, la Declaración Universal de los Derechos del Hombre (1948) dice en su artículo 18 que “toda persona tiene derecho a la libertad de pensamiento, de conciencia y de religión (…)”. Por otra parte, en la encíclica Pace in Terris, el Papa Juan XXIII subrayaba que “cada uno tiene el derecho de honrar a Dios siguiendo la norma justa de su conciencia”. Y el Concilio Vaticano II dice en Dignitatis Humanae que los actos internos voluntarios y libres en el ejercicio de la religión “no pueden ser mandados ni prohibidos por un poder meramente humano”.
Ahora bien: ¿Esa libertad tiene límites? La doctora Nelly Espiño, miembro del Comité de Etica Asistencial del Hospital Austral, dice que “el caso del respeto a la decisión del paciente, como principio general, tiene excepciones importantes. Por ejemplo -señala-, que el paciente no tenga convicciones firmes, o tenga menores a su cargo, o sea único sostén familiar, o esté comprometida la salud pública”. Pero precisa que “en términos generales, decisiones como no someterse a una transfusión de sangre deben ser respetadas, incluso en la certeza de que sin ella el paciente morirá”. Recordó que en el caso de Albarracini este manifestó su voluntad de no recibirla en un documento refrendado en sede judicial por su esposa. También Fracalossi había asentado por escrito su decisión. Lo Prete coincide con Espiño. Y agrega: “Los límites son necesarios para proteger la seguridad, el orden, la salud o la moral públicos, o los derechos y libertades de los demás; por eso, en materia de transfusiones, un padre no puede decidir en representación de su hijo”.
El vicepresidente de Relaciones Externas de la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas, el pastor Gastón Bruno, introduce una diferencia relevante. Reconoce que “es indispensable garantizar la plena libertad de conciencia. Es una prerrogativa constitucional y un valor constitutivo de la vida en democracia”. Destaca que “la conciencia expresa los valores, la ética, la fe, y cualquier avasallamiento o violación de este derecho supone un grave acto de discriminación primero y de ilegalidad después. Como individuos nos definimos en base a nuestra conciencia, por encima aun de la construcción colectiva”. Pero luego dice que “la defensa de la vida ocupa el primer lugar en un orden de prioridades. Después continúa la libertad de conciencia”. Y completa: “También es cierto que los derechos personales tienen el límite de no transgredir los de los demás. No es justificable, en nombre de la libertad de conciencia, la violación de derechos de terceros”. Pero insiste en considerar “prioritario exclusivamente la defensa absoluta de la vida y su conservación”.
El fallo de la Corte, que se pronunció a favor de respetar la voluntad de Albarracini luego de que su padre, en desacuerdo con la decisión de su hijo, presentara un amparo para que pudiera ser transfundido, mereció el acuerdo de Espiño y Loprete. Para Espiño, está “en un todo de acuerdo a las circunstancias familiares, la validez del documento de directivas anticipadas y tiene en cuenta que no hay intereses afectados. Además -agrega- para el máximo tribunal no existen razones para dudar de que el acto por el cual Pablo manifestó su voluntad fue hecho ‘con discernimiento, intención y libertad’”. Señala que aplica el artículo 19 de la Constitución que dice que “las acciones privadas de los hombres (…) están reservadas sólo a Dios”. Y que tiene en cuenta la llamada ley “de muerte digna” recientemente aprobada. A su vez, el CALIR subrayó en un comunicado que “la aceptación de la decisión del paciente” por la que se pronuncia la Corte “se funda en su derecho a la intimidad y a la autodeterminación, pero también, y sobre todo, en su libertad religiosa y de conciencia”.
Pero, ¿qué decirle a aquellos que cuestionan decisiones como las de los Testigos de Jehová y ven una expresión de fanatismo? Por el pronto, el pastor Bruno considera que el concepto “fanatismo” debe ser tomado con mucho cuidado dado que “es susceptible de avanzar sobre la libertad toda vez que ‘alguien’ considere subjetivamente como fanatismo lo que, en realidad, es convicción. Si no se altera ‘otro’ derecho, prima la libertad de conciencia”. En tanto, Lo Prete acepta que “son decisiones difíciles de comprender porque, en general, las decisiones tienen fundamentos religiosos y vivimos en una sociedad bastante secularizada”. Pero dice que “hay que tratar de entender que muchas personas viven su fe de una manera seria y desean trasladar sus convicciones a todos los aspectos de su vida. Resulta doloroso y desesperante para los familiares, pero considero que debe primar su voluntad. Es natural que se generen reacciones adversas. En este caso particular no veo fanatismo, sino coherencia. La persona no quiere morir, sino vivir de acuerdo con sus creencias”.
Lo aseguró Luis Balocco, un Testigos de Jehová, quien explicó a Oíd Mortales: “no se puede decir que falleció por falta de sangre, la realidad es que tenía los pulmones absolutamente deteriorados”.
Tras la muerte de Iris Fracalossi, una Testigo de Jehová de Villa del Rosario, quien prefirió morir a recibir una transfusión sanguínea, desde el programa Club de Amigos, que se transmite los sábados, de 8 a 10, consultaron a un creyente respecto al rechazo hacia las transfusiones sanguíneas. Aclaró que existen alternativas que se pueden emplear y que no siempre la transfusión es la mejor opción.
“Como testigos de Jehová se nos reconoce como estudiantes de la Biblia y nos esforzamos por vivir de acuerdo a lo que aprendemos de ella, de aplicar lo que enseña y hay leyes específicas de parte de Dios como, por ejemplo, la de abstenerse a la sangre”, explicó Balocco.
Detalló que “hay un texto básico, que es el de Hechos 15. 28,29 de la Biblia, que habla acerca de abstenerse de fornicación, de ídolos y de sangre. Entonces, nosotros en obediencia a ese mandato y como nos esforzamos de vivir lo que pensamos y hacer la voluntad de Dios, no nos transfundimos sangre porque es una ley de Dios y está en la Biblia”.
¿Tampoco permiten una autotransfusión?
“Sí, está lo que se llama hemodilución normovolémica, que es una autotransfusión. Eso consiste en que a un paciente, por ejemplo, se le aplica, como se ha hecho en varios casos, un litro y medio de una solución que es para mantener la presión arterial, se retira de su cuerpo, a través de la arteria carótida, la misma cantidad de sangre, se deposita en bolsas estériles, que están unidas y selladas, pero que nunca corta el circuito, nunca se extrae la sangre fuera de su cuerpo totalmente. Se practica la cirugía, quiere decir que el paciente cuando pierde sangre, la pierde diluida, no es pura. Entonces, cuando se va terminando la operación, se reinfunde nuevamente esta sangre, que estaba depositada en las bolsas estériles”, explicó.
“Esta es una alternativa para el caso de cirugías programadas. También hay alternativas para mantener el nivel de glóbulos rojos, como lo es una sustancia que se aplica para fomentar su producción en la médula ósea. Entonces, cuando el paciente va a ser sometido a una cirugía y está con nivel bajo de glóbulos rojos se usa este sistema para levantarlo”, describió.
Hablando de costos
“La autotransfusión no es para nada costosa, solamente son 3 bolsas estériles que se usan y el método que tiene que conocer el médico, que de hecho lo conoce. Cuesta muy poco”, resaltó y agregó que con respecto a la sustancia que se usa para levantar el nivel de glóbulos rojos, indicó que “se consigue en cualquier farmacia. Nosotros tenemos un depósito de medicamentos, por lo cual contamos con ellos, para poder proveer a nuestros hermanos”.
“Cuando hay un caso de un Testigo de Jehová que necesita ese tipo de medicamentos se comunica con nosotros, que tenemos un comité de enlace con hospitales, gente que se prepara dentro de los miembros Testigos de Jehová para poder hablar con los médicos, exponerles estos métodos alternativos y comunicándonos con uno de ellos podemos acceder a estos medicamentos.
Caso Iris Fracalossi
En el caso concreto de la mujer de Villa del Rosario que falleció en el sanatorio Garat, con un cuadro severo de neumonía. La mujer necesitaba una transfusión porque estaba con bajo nivel de glóbulos rojos: ¿Por qué en este caso no se pudo utilizar alguna de las alternativas planteadas anteriormente?
“En primer lugar, ella tenía un documento firmado ante escribano público, que es una directriz que la puede firmar cualquier argentino mayor de 18 años. Es un formulario de declaración de disposición en vida, donde la persona expone, en su sano juicio, qué tratamiento quiere recibir y cual no, ese es el derecho de cada paciente”, remarcó.
Señaló que “ella tenía firmado ese documento, en el que exponía que, por convicciones religiosas no quería aceptar una transfusión, llegada a la situación a la que llegó?.
“Con respecto a por qué no se hizo la transfusión, hay que tener en cuenta una cosa: no se trata de sangre o muerte, hay otras alternativas que en ella se usó; pero hay que dejar en claro que el motivo de su fallecimiento tuvo que ver con la neumonía bilateral severa que ya tenía. Tenía una infección muy alta, se trató con antibióticos, no dieron resultados, entonces este cuadro se fue haciendo cada vez peor. Una transfusión sanguínea no era la solución”, manifestó.
“Una transfusión en ese momento le bajaba el sistema autoinmune. O sea, que podría haber sido peor todavía el cuadro, eso se lo puede corroborar un médico. Además, no era una garantía que poniéndole sangre a una persona se salve”, aseguró.
“Tenemos que tener en cuenta también la voluntad de ella”, resaltó y ejemplificó: “una persona que tiene cáncer y no quiere hacerse tratamiento de quimioterapia, no lo hace. Es su decisión. No es fanatismo, somos personas muy razonables, vamos a los médicos, no vamos a curanderos ni creemos en curación por Fé. Es más, aportamos y recurrimos a los médicos”.
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