Eritrea: Llamamiento por AMNISTÍA INTERNACIONAL en favor de mejoras urgentes en el ámbito de los derechos humanos en el Día de la Independencia

http://web.amnesty.org/library/Index/ESLAFR640042006

Hoy, 24 de mayo, se conmemora el Día de la Independencia de Eritrea y Amnistía Internacional ha vuelto a pedir al presidente del país, Issayas Afewerki, que haga del decimocuarto año de la independencia oficial de Eritrea un año en el que se apliquen las mejoras en el ámbito de los derechos humanos que con tanta urgencia aguarda la comunidad internacional, así como muchos eritreos dentro y fuera del país.Amnistía Internacional renueva sus llamamientos al gobierno para que ponga en libertad a hombres y mujeres presos de conciencia que están detenidos sin cargos, juicio ni condición legal alguna por sus opiniones políticas o creencias religiosas o porque ellos o sus hijos han eludido el servicio militar. Amnistía Internacional también renueva sus llamamientos a la comunidad internacional –la ONU y sus órganos especializados, la Unión Africana, la Unión Europea y otros países que tienen vínculos bilaterales concretos con Eritrea– para que apoyen estos llamamientos en sus relaciones con el gobierno de Eritrea.

Cinco de las seis mujeres presas de conciencia cuya libertad incondicional Amnistía Internacional pidió el Día de la Independencia de 2005 siguen detenidas en régimen de incomunicación y en duras condiciones. Se trata de Helen Berhane, Aster Fissehatsion, Aster Yohannes, Miriam Hagos y Senait Debessai.

De hecho, casi todos los presos de conciencia que estaban encarcelados hace un año y por los que Amnistía Internacional y muchos otros han estado haciendo campaña, siguen en prisión, algunos ya desde hace más de una década. Tanto si están en cárceles oficiales civiles o militares, como en prisiones secretas, se les sigue negando el derecho a recibir visitas de sus familiares. Ni una sola de estas personas ha sido acusada de ningún delito ni puesta a disposición judicial. Sigue siendo habitual que se les niegue el tratamiento médico. Tampoco ha cambiado la práctica de la tortura y se mantienen las crueles condiciones de detención en contenedores metálicos de transporte.

Amnistía Internacional vuelve a lanzar hoy su informe de diciembre de 2005 sobre la persecución religiosa en Eritrea, incluidas otras violaciones de derechos humanos, con nuevas traducciones al tigrinya y al árabe para acercarlo más a los eritreos (las traducciones al triginya y al árabe del informe  Eritrea: Religious Persecution, Índice AI: AFR 64/013/2005, de diciembre de 2005, están en la página web de Amnistía Internacional, www.amnesty.org. También pueden conseguirse escribiendo a eastafrica@amnesty.org). Desde la publicación de este informe no se ha producido ningún cambio significativo en la situación de la persecución religiosa y, que se sepa, han quedado en libertad pocas personas.

El gobierno eritreo ha dejado de lado la preocupación internacional por el persistente panorama de violaciones graves de derechos humanos existente en Eritrea. La única respuesta del gobierno al informe de Amnistía Internacional sobre la persecución religiosa fue el siguiente comentario a los medios de comunicación del ministro de Información en funciones: "¿Quiénes son esos de Amnistía Internacional No podemos salir al paso todos los días de semejantes mentiras sin fundamento". El gobierno miente cuando afirma que hay una "absoluta libertad religiosa", como garantiza la Constitución.

El nivel de hermetismo e intimidación, que afecta también a los eritreos de la diáspora, es tal en el país que hay pocos datos confirmados sobre las nuevas detenciones por motivos políticos que se han llevado a cabo en lo que va de año. Entre ellas figuran ahora las de 10 eritreos miembros del personal de la Misión de la ONU en Etiopía y Eritrea (MINUEE) para la administración de una zona temporal de seguridad existente entre ambos países, que fueron detenidos este mes al empeorar las relaciones entre Eritrea y la ONU.

Presos de conciencia que llevan largo tiempo encarcelados
Once ex ministros del gobierno y también parlamentarios siguen detenidos sin cargos en uno o varios lugares secretos. El gobierno sigue afirmando infundadamente que el ex ministro de Asuntos Exteriores Haile Woldetensae y otras personas que pidieron reformas democráticas y elecciones cometieron traición en la guerra fronteriza. Diez periodistas a los que se detuvo al mismo tiempo en septiembre de 2001 siguen encarcelados sin cargos, así como otros dos periodistas detenidos posteriormente. La prensa independiente sigue amordazada.

De los miles de hombres y mujeres que continúan detenidos desde la represión de 2001 contra la disidencia política, Hassan Kekiya, empresario de unos 75 años que había intentado reconciliar al gobierno con sus detractores, quedó en libertad en diciembre de 2005, probablemente por razones de salud, tras cuatro años de detención en régimen de incomunicación. Lamentablemente, volvieron a detenerlo el mes pasado sin explicación alguna. Hassan Kekiya es diabético, necesita bastón para andar y su salud se deterioró a consecuencia de las duras condiciones penitenciarias. Otros presos que padecen enfermedades crónicas son el general Bitwoded Abraha (detenido casi de continuo desde 1992), Aster Yohannes (detenida tras regresar de Estados Unidos en diciembre de 2003) y Senait Debessai y su hermano Ermias Debessai (ambos detenidos en noviembre de 2003). Tres dirigentes de sindicatos oficiales llevan más de un año detenidos en secreto y sin cargos.

La situación de persecución religiosa, objeto del informe y la campaña más recientes de Amnistía Internacional, no ha cambiado, aunque parece que ha habido menos detenciones en lo que va de año que las que hubo en el mismo periodo del año 2005. La cantante de gospels Helen Berhane, en favor de la cual se han recibido miles de llamamientos de todo el mundo sin que haya habido respuesta gubernamental alguna, está bajo custodia del ejército desde mayo de 2004. Los más hostigados por el gobierno han sido los testigos de Jehová, por negarse al reclutamiento, y los miembros de las iglesias cristianas evangélicas clausuradas en 2002. Unos 70 miembros de un grupo musulmán disidente también están detenidos. Veinticinco pastores evangélicos y 3 clérigos "reformistas" de la Iglesia Ortodoxa Eritrea, autorizada oficialmente y cuyo anciano patriarca está, según los informes, mal de salud y bajo arresto domiciliario desde que criticara sus detenciones, continúan recluidos con cientos de personas más en duras condiciones en la cárcel de seguridad de Karchele, en Asmara.

Los hombres de edades comprendidas entre 18 y 40 años y las mujeres entre 18 y 27 están sometidos a reclutamiento militar indefinido, sin derecho a realizar un servicio alternativo por objeción de conciencia. Muchos han intentado desertar o evitar el reclutamiento, sobre todo huyendo a Sudán, pero al ser capturados han sido torturados y detenidos arbitrariamente. En lo que va de año ha ido aumentando el número de padres de reclutas huidos que han sido detenidos, y a los que sólo se deja en libertad tras el pago de una enorme multa extralegal que supera la capacidad económica de la mayoría, razón por la cual siguen detenidos indefinidamente.

Información general
Eritrea consiguió la independencia oficialmente el 24 de mayo de 1993, tras un referéndum de las Naciones Unidas y dos años de independencia de hecho de Etiopía. El Frente Popular de Liberación de Eritrea formó el nuevo gobierno. El dirigente del Frente y actual presidente, Issayas Afewerki, ha aplazado indefinidamente las elecciones que exigía la Constitución (1997) desde el conflicto fronterizo con Etiopía (1998-2000). La cuestión territorial sigue sin resolverse.

No están permitidos partidos de la oposición ni organizaciones no gubernamentales independientes, y las críticas al gobierno se reprimen vigorosamente. El culto de aquellos grupos religiosos a los que se ha negado el registro oficial (especialmente los cristianos evangélicos) está duramente castigado.

El reclutamiento se impone con rigor y la tensión con Etiopía sigue siendo elevada. El gobierno se enfrenta a la amenaza de un conflicto armado con una coalición de oposición con base en Sudán.

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