Iglesias y patrimonio

Número y porcentaje de practicantes en México de la Iglesia Católica Apostólica es como un secreto de Estado. Algo parecido, para que nos entendamos, al tiraje, no se diga la venta, de los diarios impresos.

De acuerdo al censo de población de 2000 del Instituto Nacional de Estadística, Geografía e Informática, 88 de cada 100 mexicanos declaró su preferencia por aquella confesión religiosa.

Como casi todas las estadísticas oficiales, con alternancia o sin ella en Los Pinos, difícilmente reflejan la realidad, son presentadas a tono con las necesidades del gobierno en turno y, en este caso, al gusto del poder fáctico más antiguo de México y de la aldea global.

La reportera María Eugenia Pérez García documentó en la revista Forum que “el fervor se diversifica”, y que “La pluralidad religiosa se concentra principalmente en los estados de Chiapas, Oaxaca, Tabasco, Campeche, Quintana Roo, Yucatán, Veracruz y Tamaulipas” (número 99, abril de 2001, páginas 7-10).

De acuerdo a cifras de la Secretaría de Gobernación, el catolicismo presentó una tendencia declinante de 1980 (92.62%) a 1990 (89.30%) y 2000 (88.22%) de católicos, mientras que en los mismos años los no católicos pasaron de 3.29%, a 4.70% y 7.72% respectivamente. En tanto que los no creyentes eran 4.09% en 1970, 6.00% en 1980 y retrocedieron, extrañamente, a 4.06% en 1990.

A la pronunciada pérdida de feligreses –tanto activos como pasivos, si se me permiten los términos– que presumiblemente de 2000 a 2008 podría ser más acentuada aún que en las dos décadas anteriores, se suma una aguda falta de ministros de culto que la jerarquía católica es la primera en reconocer con sus promociones para captar y preparar nuevo personal.

Si nos atenemos a los datos que presenta Fabiola Martínez (La Jornada, 23-VI-08, página 18), ahora también decae la presencia de la iglesia subordinada a Roma en términos patrimoniales, específicamente de los bienes e inmuebles para impartir el culto. Otra cosa, muy distinta, son los recursos económicos y financieros que tiene a su alcance.

Con cifras de Gobernación en la mano, la reportera revela que de septiembre de 2007 a abril del presente año, la dependencia que encabeza Juan Camilo Mouriño Terrazo –por medio de la Dirección General de Asociaciones Religiosas a cargo de Salvador Beltrán del Río y quien durante semanas se negó a corroborar con una entrevista los datos que se obtuvieron por medio de la Ley Federal de Acceso a la Información Pública–, aquella dependencia emitió 874 declaratorias de procedencia, correspondientes al mismo número de inmuebles que pretenden comprar las asociaciones religiosas y que para cerrar sus transacciones mercantiles necesitan autorización de la secretaría.

De las 874 declaraciones de procedencia, 290 pertenecen a los Testigos de Jehová y sólo 180, es decir: 21 por ciento, a las asociaciones católicas. También es de registrarse el auge en la demanda inmobiliaria, con 28 templos nuevos, para la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Ultimos Días en México. La Iglesia del Dios Vivo y Columna y Apoyo de la Verdad de la Luz del Mundo tienen 24 solicitudes aprobadas.

El creciente divorcio de la jerarquía católica respecto del México real, el febril protagonismo político, los compromisos y alianzas con los poderes terrenales vestidos de azul, el cogobierno que desempeña con torpe ostentación en Jalisco y Guanajuato, el solapamiento y hasta protección de los pederastas y abusadores sexuales en las filas del poderoso e influyente ejército vestido de negro, son algunas de las múltiples causas que podrían explicar este pronunciado declive que, enhorabuena, enriquecerá más aún las ofertas religiosas y espirituales para los respetables creyentes mexicanos.

http://www.argenpress.info/nota.asp?num=056465&Parte=0

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