La Biblia, el libro

El texto sagrado del cristianismo describe como ninguna otra obra la aventura y el destino humanos

Varias comunidades cristianas de Catalunya -católicas y protestantes- han publicado una edición conjunta de la Biblia con la intención de ponerla al alcance de un público extenso -de ahí la idea de denominarla «Biblia popular»- a un precio bastante razonable y con una gran calidad tanto lingüística como tipográfica y de presentación. Ha sido ilustrada por el sutil y siempre elegante dibujante Perico Pastor, colaborador también de este diario y autor de la ilustración de este mismo artículo.

Reunidas hace un par de días en el Palau de la Música, las autoridades eclesiásticas de ambas ramas del cristianismo presidieron un acto en el que participó un grupo muy variado de personas, con convicciones religiosas muy diferentes, y con persuasiones, en cuanto al mundo sobrenatural, muy diversas. No solo había agnósticos y quizá algún ateo, sino que algunos expresaron públicamente sus dudas. Un acto de diálogo, de conversación inteligente, entre ciudadanos civilizados, unidos por el mutuo respeto, la fidelidad a nuestra lengua y el deseo de una buena convivencia. Un comportamiento absolutamente necesario en tiempos turbulentos y confusos como los nuestros. Felicitémonos. No todo va mal en casa. Los que no participan de las creencias -o de algunas de las creencias- de los cristianos deben dar la enhorabuena a sus conciudadanos cristianos que han editado esta Biblia para todos.

No es del todo casual que la publicación de una nueva Biblia interconfesional acontezca en el siglo XXI, cuando, por una parte, el ecumenismo cristiano ha avanzado bastante dentro del mundo de los fieles de varias iglesias y denominaciones, y por otra también ha avanzado notablemente el laicismo. El laicismo como parte de la civilización moderna es una condición indispensable para el buen entendimiento entre varias fes y convicciones. El laicismo, en efecto, ni es ni presupone una actitud hostil hacia la fe religiosa, como podía representar el anticlericalismo irracional que, lamentablemente, caracterizó algunos episodios trágicos de la historia, cada vez más lejana, de países como el nuestro. El laicismo es una concepción del mundo de la convivencia en la que predomina la idea del respeto mutuo entre las creencias y de la libertad y el derecho de todos a promover las suyas. Es por eso que son muchos los cristianos -tanto en el mundo protestante como en el católico, y también en el de la ortodoxia oriental- favorables a la neutralidad laicista. Aquella neutralidad que es la propia del republicanismo cívico y de la convivencia fraterna entre ciudadanos de convicciones diversas. La fraternidad -la solidaridad- es una virtud de la democracia avanzada. No es monopolio de ninguna religión.

La Biblia es un conjunto heterogéneo de textos. Es fundamental para nuestra civilización. Lo es, en efecto, tanto la judía como la más extensa, la cristiana. Antes la denominábamos Historia Sagrada. Y con razón. La humanidad y la vida tendrían que ser sagradas para nosotros, y su historia, también. La Biblia recoge como ningún otro libro la más emocionante descripción de la peripecia, la aventura y el terrible destino de nuestra raza, la raza humana. Aquellos que no lo quieran leer como la palabra de Dios quedarán cautivados por la delicada belleza del poema de amor más sensual y al mismo tiempo espiritual que jamás se ha escrito: el Cántico de los cánticos. Quien quiera conocer la guerra y la paz, el exilio, la esclavitud y la patria reencontrada, que escuche el relato del pueblo de Israel. Hallará aventuras y desventuras parecidas a las de su pueblo, y también historias personales -la de Rut, la de Ester- que son parte de acontecimientos propios de la vida de cada uno de nosotros contadas con una claridad meridiana, con una sencillez directa que solamente lograron algunas tragedias griegas. Y si quiere entender el arte, la arquitectura, la poesía y la literatura de nuestros clásicos, si quiere concederse unas vacaciones del Twitter o del dudoso encanto del entretenimiento televisivo, solo un rato, que lea al azar cualquier pasaje bíblico. Ninguno le decepcionará. Y la Biblia es el mejor libro de esos llamados de autoayuda para curar las heridas de la decepción y la soledad. Y no hablo de Jeremías ni de Job -ambos tan extremos, cada uno en su estilo-, sino de la dulce mansedumbre del propio Jesús. Todo al alcance en catalán.

Quienes hemos aprendido a venerar la nobleza del mensaje de Buda y algunas de las expresiones que lo precedieron

-como el Antiguo Testamento precede al Nuevo- hemos tenido que aceptar de muy buen grado la superioridad moral del mensaje de las Bienaventuranzas en el Evangelio de San Mateo, que todo el mundo conoce, imagino. Las mismas que, llegada la época secular del racionalismo radical en el siglo XVIII, inspiraron directamente la ética kantiana (No hacer a los otros lo que no quisieras que te hicieran a ti, por ejemplo.) Ante el relativismo moral tan característico de nuestro siglo, no conozco un mensaje moralmente superior.

Presidente del Institut d’Estudis Catalans.

http://www.elperiodico.com/es/noticias/opinion/biblia-libro/960977.shtml

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