Los teólogos presionan para que desaparezca el limbo

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Los teólogos presionan para que desaparezca el limbo
30/11/2005 – 00:33
IBLNEWS, AGENCIAS

Los teólogos del Vaticano quieren salvar a los niños que han muerto sin haber sido bautizados y, por tanto, se encuentran en el limbo, cuya desaparición decretará la Iglesia católica en los próximos días. La solución: todos irán al paraíso, gracias a la misericordia de Dios.

El temido limbo, que se encuentra entre el paraíso y el infierno según una tradición surgida durante la Edad Media y descrita por el gran poeta del siglo XIII Dante Alighieri en la célebre ‘Divina Comedia’, será enterrado definitivamente, puesto que ese lugar del más allá, con el que fueron amenazadas generaciones enteras de católicos, jamás fue transformado en dogma por la Iglesia.

La decisión será tomada esta semana en el Vaticano al término de un seminario internacional convocado por el arzobispo William Joseph Levada, prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, al que asisten teólogos de todo el mundo. Es probable que, a su término, sea aprobado un documento que decretará la desaparición del limbo, ese lugar donde según la tradición se detenían las almas de los justos y adonde iban a parar las de los niños que morían sin bautismo.

Ahora pasarán directamente al paraíso por la “infinita” misericordia divina, según la Comisión Teológica Internacional. La idea de decretar la desaparición del limbo fue siempre apoyada por el papa Benedicto XVI, quien fue prefecto de la Doctrina de la Fe durante el largo pontificado de Juan Pablo II, quien consideró el tema de “máxima importancia” y llegó inclusive a ignorar el limbo en el nuevo catecismo, publicado en 1992.

La idea de un lugar en el más allá, en el que no se cumple penitencia pero tampoco se vive la gracia plena, fue antaño narrado por Dante, quien lo describe también como un lugar lleno de almas que no conocieron en vida a Dios. En el “noble castillo”, como lo calificó Dante, ubicó el hogar de Virgilio, un lugar sin pena ni sufrimiento, de deseo incumplido, donde se encontraban los niños no bautizados, los guerreros ilustres y respetables personalidades a las que se les impedía para siempre ver a Dios.

Ese lugar gris, sin pena ni gloria, ha sido objeto de disputas desde la antigüedad. El Concilio de Cártago, celebrado en el año 418 después de Cristo, le negó a los niños sin bautizo poder alcanzar la felicidad eterna. Para San Agustín (357-430) el “limbo para los niños” tenía que ser eterno porque el pecado original es eterno si no es borrado por el bautizo.

Esos principios se impusieron a lo largo de los siglos, pese a que Santo Tomás (1225-1227) admitiera que esos niños “son por naturaleza beatos”. Al invocar la misericordia de Dios para salvarlos, la Iglesia de los tiempos modernos quiere abolir ese extraño lugar y asegurar un pedazo de paraíso a los numerosos niños no bautizados.

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