Más ecuatorianos se convierten en Testigos de Jehová

Más ecuatorianos se convierten en Testigos de Jehová

Carla Maldonado. Corresponsal en Italia

Los italianos aprendieron castellano para hablar de Dios con los latinos. Y se reúnen tres veces a la semana en un edificio recién estrenado, de varios pisos, en Milán.

La sala de oración está llena de gente y todos están vestidos como para ir a una fiesta: los hombres en traje y corbata, mientras las mujeres llevan falda o vestido. Hasta los niños lucen elegantes.

Se saludan con afecto y se sientan. Abren un pequeño libro azul y empiezan a orar y cantar. Al frente, en una tarima, dos voluntarias hacen un acto de teatro. Muestran cómo divulgar la palabra del Dios de casa en casa.

Son los Testigos de Jehová, cada vez más populares entre los inmigrantes latinos católicos. En 1995 había solo 17 en Milán, hoy son 1 750. Pero, ¿ por qué los latinos se alejan de la iglesia, en la capital del mundo católico?
“Se dan cuenta de que la palabra de Dios influye en su vida. Practican los principios bíblicos y obtienen resultados”, dice a este Diario el portavoz de los Testigos de Jehová, Luciano Adario.

Daniel Balditarra, sacerdote profesor de religión y filosofía de la Universidad Católica de Milán, cree que pocos padres interpretan la religiosidad latinoamericana. “No hay una buena atención a los inmigrantes en Italia. Falta lo humano, de compañía y solidaridad. Los Testigos visitan las casas y los inmigrantes en condiciones de marginalidad se van con esta secta”.

En su soledad se refugian en la religión, piden “milagros” para superar sus problemas y sentirse integrados. “El catolicismo no da respuestas concretas. Predican una cosa y hacen otra. Hablan de paz y bendicen las armas de las naciones en guerra. Creen más en los gobiernos porque se mezclan con la política”.

Esto según el ecuatoriano y ex católico Leopoldo Acosta, mediador cultural y profesor de español en Turín. Así como Acosta, la familia salvadoreña Madrid Trejo, cansada de golpear la puerta de los sacerdotes italianos y de recibir portazos, se pasaron a las filas de los Testigos.

“Queríamos una explicación más coherente sobre por qué los buenos van al paraíso y los malos al infierno.

Eramos practicantes pero en la iglesia nadie ni siquiera nos saluda”, sostienen a coro Jorge y Guadalupe Trejo.

Los “convertidos” también dan un giro de 80 grados en su vida personal. Los testigos no se emborrachan, no tienen relaciones prematrimoniales, no conviven, no tienen amantes, no fuman y se ayudan entre ellos.

La familia milagreña Ibana se cambió a esta religión al llegar a Italia. Ricardo, el padre, y Grace, la madre, convivían hace 12 años. Hace dos años empezaron a estudiar la Biblia y se casaron. “Nos ha dado mucha felicidad conocer a Dios. Practicamos los principios valiosos de la Biblia, tenemos una conducta moral que nos ayuda”, dice Ricardo.

Mientras Grace recita la Biblia, agrega, “fuimos a otras religiones, vengo de una familia católica. No nos enseñaron la palabra de Dios. Los Testigos sí y dejamos de ser idólatras”.

La peruana Rocío Sánchez se bautizó en 1997 en Milán. Cuando aterrizó en Italia el ambiente le pareció liberal e inmoral. “Los inmigrantes se comportaban como los italianos y eso me dio asco. No tenían respeto por los demás ni por ellos”, señala.

Pero vivir solo para la oración puede resultar cansado y quitar mucho tiempo. Aun así ellos pelean contra el reloj y asisten a las reuniones semanales. Y tampoco tienen ningún problema para hacer donaciones voluntarias.

http://www.elcomercio.com/noticiaEC.asp?id_noticia=82159&id_seccion=8

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *