Mejico : Preocupa al gobierno de Hidalgo la proliferación de grupos no católicos

Preocupa al gobierno de Hidalgo la proliferación de grupos no católicos

Persistentes conflictos interreligiosos en comunidades de Ixmiquilpan a raíz de la migración

CARLOS CAMACHO CORRESPONSAL

La falta de apoyos gubernamentales ha orillado a cultivadores de maguey y productores de pulque del valle de Mezquital a emigrar a Estados Unidos Foto Armando Loaiza/ archivo
Ixmiquilpan, Hgo., 16 de septiembre. A los 16 años de edad, Silverio Barquera se fue, como miles de jóvenes del valle del Mezquital, a trabajar a Estados Unidos; luego de tres años de laborar en Texas volvió a su tierra, en la comunidad de Los Remedios, pero con ideas “modernas”: dejó de beber, cambió de religión y promovió en su comunidad, de unos 400 habitantes, su nuevo culto.

Comenzó por convencer a su hermano, Marcelino, quien se convirtió en el primer pastor de la religión evangélica no sólo de Los Remedios, sino de todo Ixmiquilpan.

En 1976, cuando los hermanos Barquera promovían con entusiasmo el cambio de culto en una región que antes de la década de los 70 era ciento por ciento católica, comenzaron los primeros conflictos.

Juan Barquera, primo de los hermanos Silverio y Marcelino Barquera, azuzó a la comunidad de Orizabita, colindante con Los Remedios, para impedir la construcción del primer templo evangélico en la comunidad y en el municipio.

Si bien el fenómeno migratorio -que mueve a unos 150 mil indígenas ñañús del valle del Mezquital que cada año se van a trabajar a Estados Unidos y vuelven por temporadas a su tierra- es generador de divisas para los municipios de esta zona, también es origen de enfrentamientos violentos por problemas interreligiosos.

El caso más representativo en la actualidad es el de San Nicolás, donde desde 1992 una mayoría católica se opone a que una minoría profese una religión distinta y la ha castigado con la suspensión de servicios de agua y luz, además de sufrir agresiones físicas y amenazas de expulsión, con el pretexto de que los evangélicos no cooperan en la realización de las tareas comunitarias.

Guillermo Cano, dirigente de los evangélicos y representante del templo Bethel, ubicado a escasas cuadras del centro de Ixmiquilpan, ha insistido en que sus representados son víctimas permanentes de agresiones y discriminación sólo por profesar una fe distinta a la católica.

El caso de los hermanos Barquera se ha repetido en distintas comunidades donde los jóvenes apenas concluyen su educación secundaria y emigran a Estados Unidos, antes por mera necesidad económica, hoy además con el deseo de conocer, de convertirse en “gente importante”, que regresa con dinero, con su troca (camioneta), viste como cholo, construye su casa con materiales distintos a las pencas de maguey, varas y lodo con que se edificaban antes las viviendas de los ñañús.

Para el gobierno, los conflictos religiosos -unos 10 a lo mucho- supuestamente no son motivo de preocupación y derivan más bien de hechos concretos, como cuando los católicos se enteran de que los evangélicos quieren construir su templo.

“De ahí en fuera no pasa nada”, dice con seguridad el secretario de Gobierno, Francisco Olvera Ruiz. “Tú los puedes ver el resto del año conviviendo en armonía, incluso en las fiestas patronales, como acaba de ocurrir en San Nicolás, donde se celebró la fiesta del pueblo”.

Para el secretario de Educación Pública en Hidalgo, Jorge Romero Romero, tampoco afectan estos problemas el proceso educativo de los niños; cuando más hay niños que por cuestiones religiosas no rinden homenaje a los símbolos patrios y a veces los profesores los quieren obligar, pero “hemos conciliado los intereses y no hemos tenido conflictos mayores”.

Sin embargo, un estudio interno del gobierno estatal, elaborado en enero de 2004, revela preocupación porque la Iglesia católica ha perdido paulatinamente adeptos, y organizaciones protestantes y evangélicas se los disputan seriamente.

El documento del gobierno estatal concluye: “el proselitismo de las asociaciones religiosas no católicas es intenso y buscan hacerlo por todos los medios. Es preocupante para la Iglesia católica y para el gobierno estatal que estos grupos proliferen de manera rápida, dado que no tienen una estructura vertical a la cual alinearse y se tiene el riesgo de que no haya un control o una cabeza a la cual dirigirse. En este supuesto, es importante que se continúen manteniendo los liderazgos que garanticen la institucionalidad para su asociación religiosa y para el gobierno del estado”.

Las celebraciones de los protestantes no incluyen bebidas alcohólicas; en cambio, en las fiestas patronales el alcohol es parte fundamental de las celebraciones, lo que deriva en enfrentamientos, riñas y conflictos intrafamiliares.

De acuerdo con las cifras del gobierno, en enero de 2004, 91 por ciento de los habitantes hidalguenses eran católicos (un millón 791 mil 931); 5 por ciento, protestantes y evangélicos (102 mil 748); uno por ciento son bíblicos no evangélicos (25 mil 975); 2 por ciento no profesan religión alguna (31 mil 147) y 15 mil 610 profesan alguna religión distinta.

La Iglesia católica cuenta con las diócesis de Tulancingo, Tula de Allende y Huejutla, con 250 templos en todo el estado.

En la entidad hay 3 mil 397 inmuebles destinados a las actividades religiosas; existen 180 asociaciones registradas, de las cuales 80 por ciento son grupos no católicos: evangélicos, luteranos, presbiterianos, metodistas, bautistas, ejército de salvación, pentecosteces, cristianos y bíblicos no evangélicos.

A juicio de Juan Ortiz Simón, diputado local del PRD, que combina el idioma ñahñú con el español en sus charlas, el cambio de ideología y de religión a partir del fenómeno migratorio tiene la misma importancia que el cambio de mentalidad de los jóvenes que ven su tierra como un sitio donde “se tiene familia que visitar”, pero una vez pasadas las festividades del pueblo hay que regresar a Estados Unidos, “porque aquí hay poco o nada qué hacer”:

La visión de Gabriela Ramírez González, representante de las oficinas nacionales de los testigos de Jehová, es distinta: afirma que contra quienes no profesan la religión católica “hay persecución, agresiones, acoso y marginación”.

Ella misma se dice víctima de esa persecución y recuerda que hace unos años entró a trabajar al hospital del ISSSTE en Pachuca y la jefa de cocina le ordenó “hincarse y persignarse” frente a una imagen de la virgen de Guadalupe, que se encontraba en los pasillos. “Como me negué a los cinco minutos fui despedida; llevaba 15 días trabajando y no me pagaron un peso.

Por eso afirma que los católicos tienen gran poder político y económico; “nos oprimen, no tenemos libertad como mexicanos”. De eso culpa al presidente Vicente Fox Quesada, quien ha dado “grandes beneficios a la Iglesia católica”, por eso dice que los apoyos y las preferencias del gobierno son para los católicos.

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