Para qué y para quién hacemos nuestro trabajo

Atalaya es una revista gratuita que distribuyen los testigos de Jehová desde 1879 en varios idiomas. El título de tapa del último número es ¿Le gusta su trabajo? Hay pocos títulos tan atractivos como el que se menciona, porque supone que hay una gran mayoría que responderá No, no me gusta y podría encontrar la respuesta en el interior de la publicación. El enfoque que se propone, propio de los testigos de Jehová, es rescatar de la Biblia aquellas ideas, conceptos y consejos que han sido escritos a partir del año 900 a.C.

En un ámbito como el de las organizaciones laborales, donde lo que más vale es la última tendencia, acudir a la Biblia parece una herejía laica. Sin embargo, de la propuesta de Atalaya podemos sacar, por lo menos, dos conclusiones. La primera es que la cuestión del trabajo como tema y problema lleva siglos en vigencia. La segunda es que muchas de las inquietudes pueden aliviarse y hasta disolverse a través de textos muy antiguos, a diferencia de lo que sucede con las aplicaciones de los celulares.

Reproduzcamos un ejemplo que encontramos en la revista, perteneciente al apóstol San Pablo, quien dijo que los cristianos deben realizar trabajo duro. ¿Para qué? “Para que [tengan] algo que distribuir a alguien que tenga necesidad” (Efesios 4:28). El concepto se refuerza en el mismo artículo mediante un consejo: “No caiga en el error de pensar en cuánto dinero le pagan. Pregúntese ¿por qué es necesario mi empleo? ¿Qué pasaría si nadie lo hiciera o si se hiciera mal? ¿Cómo beneficia a los demás lo que hago?”

El planteo es tan simple que podría reemplazar a unos cuantos cientos de manuales sobre management y comunicación, absteniéndose de llevarlos a la hoguera, como lo hubiera hecho la Inquisición. Cuando se ejerce una función, cualquiera que sea, dentro de las organizaciones laborales, la primera inquietud, la básica, es saber el porqué de lo que se hace. La incorporación sin más, con la sola indicación de una descripción de tareas (si la hubiera, lo que es poco frecuente) no basta. Lo que cualquier ser humano necesita, por su racionalidad y emotividad, es saber el sentido de su quehacer, muy a menudo perdido en las cadenas productivas o de servicios. Entonces, ante la remanida advertencia de que aquí se viene a trabajar, lo que vendría a posteriori es preguntar por qué y para qué.

Desde el punto de vista del liderazgo, y de la gestión de recursos humanos en general, toda relación laboral debería empezar por anticiparse a las preguntas y luego pasar a las cuestiones operativas. Cuando el porqué y el para qué se reduce con exclusividad al interés económico, el trabajo se empobrece, sin desmerecer la importancia que tiene para el sostén individual o de una familia.

Mucho de este enfoque se ha impuesto en las décadas pasadas, integrando a los empleados dentro del sistema, mediante varios métodos: enriquecimiento de tareas, calidad total, empowerment, etcétera. Cualquiera de ellos tiene como base el significado intrínseco de la labor encomendada y por la cual se paga un salario. Dicho salario empieza a tener sentido cuando se conoce claramente qué papel se cumple en la cadena de valor agregado, para obtener resultados satisfactorios para la empresa.

Se trata de considerar al trabajo desde una perspectiva social y solidaria. Naturalmente, San Pablo no era un gurú, pero sería interesante contar con uno como él en nuestros días para repensar qué estamos pretendiendo del trabajo humano.

http://www.lanacion.com.ar/1770339-para-que-y-para-quien-hacemos-nuestro-trabajo

Para leer o descargar esa revista gratuitamente:

http://www.jw.org/es/publicaciones/revistas/wp20150201/

Un pensamiento en “Para qué y para quién hacemos nuestro trabajo”

  1. El trabajo es un Don de Dios (Eclesiástes3:13) Que bueno es preguntarme ¿Para quien trabajo más ? ¿Qué logré, donde me llevará mi trabajo?

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