Reina fe en Jehová

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Reina fe en Jehová

En Bejucal de Ocampo, un municipio de la región motozintla de la sierra chiapaneca gobernado por el PRD, la mayoría de los habitantes pertenece a los Testigos; prevalece un ambiente de tolerancia religiosa y gubernamental, pues los miembros de esta organización no son obligados a realizar el servicio militar ni sus niños a participar en las ceremonias cívicas. Los habitantes han cambiado las borracheras y los cigarros por cánticos y lecturas bíblicas. También respetan a la autoridad, aunque no salen a votar

BEJUCAL DE OCAMPO, Chis.- Es pequeño y tranquilo. El canto de los gallos es más fuerte que el bullicio de su gente. Asentado en la punta de la Sierra, a una altura de dos mil 300 metros sobre el nivel del mar, donde los rayos del sol deshielan el pasto y penetran en las láminas de los techos para dar calor a las casas, se erige este municipio de la región de Motozintla, Chiapas, en el que impera el silencio.

A un templo pentecostés lo separan diez metros de un salón del Reino, pero aquí la hostilidad no tiene cabida y la diversidad religiosa no impide el saludo entre vecinos o la convivencia en el día a día; cada familia profesa con libertad su culto y esto no impide su integración como sociedad. Para nadie es raro que en Bejucal haya una enorme presencia de Testigos de Jehová.

Su política de expansión ha ganado terreno en esta región porque salen tres veces a la semana para ir de casa en casa predicando su fe, considera el profesor Francisco Barrios Reyes. Esto ha motivado que algunos de quienes fueran fervientes católicos se convirtieran en testigos, pero el que haya menos católicos también tiene que ver con la falta de un contacto diario con el sacerdote, explica.

De hecho, los católicos son minoría. Su templo está a un costado del palacio municipal y, aunque de día permanece abierto, las bancas están vacías. Casi nadie entra a rezar. El sacerdote no vive ahí. Sólo acude a Bejucal cada domingo para dar misa, y al término de ésta se va.

“No tenemos párroco. La encargada de abrir y cerrar la iglesia es doña Norberta Escobar. El cura sólo viene los domingos o cuando alguien fallece”, comentó Juan Daniel González Sandoval, ejidatario de Bejucal de Ocampo.

A diferencia de otros pueblos, aquí es muy raro encontrar expendios de cerveza o gente ingiriendo bebidas embriagantes afuera de su casa.

Sólo dos o tres cigarros al día es lo que vende don Abigail Escobar en la tiendita que está frente al jardín central del pueblo. La cajetilla la da a 30 pesos, pero nadie la compra, porque quienes fuman prefieren pagar dos pesos con 50 centavos por un cigarro suelto.

“La gente de aquí casi no fuma; si tengo cigarros es porque en una tienda debe haber poquito de cada cosa, pero si vendo tres al día ya son muchos”, señaló el tendero de 85 años.

¿Borracheras? Esas menos. Los que toman sólo lo hacen en fiestas, agrega. Según don Abigail, “gracias a Dios”, aquí no hay problemas de alcoholismo, “tampoco centros de vicio con malas mujeres. Sólo hay grupos de marimba entre los jóvenes”, indicó, orgulloso de su pueblo.

Mientras la mayoría de las mujeres se quedan en casa acompañadas de las hijas mayores de 15 años para las labores del hogar, los hombres se van al campo. Siembran frijol y maíz. Por eso, la comida más común es arroz con frijol. No hay mercado, pero una camioneta con huacales de verduras se instala afuera de la primaria Miguel Alemán para venderlas.

Es raro que haya compadres, pero la sociabilidad no se pierde. Hay más cercanía entre los que profesan la misma religión. Sin embargo, en este pueblo no han surgido conflictos o pleitos religiosos.

“Aquí hay mucha armonía en la religión, no como en Los Altos, donde hemos visto que se mezcló la religión con la política y, por lo mismo, hubo pleitos y hasta matanzas”, apuntó el profesor de secundaria Francisco Barrios.

El maestro dice no pertenecer a ninguna religión, pero, en su opinión, el crecimiento de los Testigos de Jehová ha sido benéfico, hasta cierto punto, porque “había gente que antes tomaba mucho y eso les traía una serie de problemas; y ahora su religión les ha ayudado a cambiar su estilo de vida.

Para Elidio Borrayas Ramírez, funcionario municipal de Bejucal de Ocampo, la forma de vida no es diferente por el hecho de que la mayoría de los habitantes sean testigos.

No obstante, los hombres de Bejucal no hacen servicio militar. La cartilla se tramita sólo como un documento de identificación más.

En la entrada del palacio municipal el letrero es muy claro: “Del 15 de enero al 15 de octubre de 2008 se tramitará la cartilla militar para anticipados y remisos”. Sólo deben llevar acta de nacimiento actualizada, comprobante de domicilio y las fotografías.

Los testigos la tramitan porque no se requiere hacer servicio militar y saben que es un documento necesario para solicitar trabajo o hacer trámites, indicó Borrayas.

Las conmemoraciones cívicas se realizan sin problemas, pues ya están acostumbrados a que gran parte de la población no acude. “Lo vemos como algo normal, porque la mayoría son testigos y no se les obliga a nada. Respetamos su forma de pensar y, aunque no voten ni, mucho menos, ocupen un cargo administrativo, respetan a las autoridades”, aseguró.

Al ser cuestionado por Excélsior sobre lo que pasa durante las elecciones, el funcionario del ayuntamiento explicó que, aunque los testigos se mantienen al margen del sufragio, aun así este pueblo ha aprendido a convivir sin conflictos. El 7 de octubre del año pasado fueron las elecciones para presidente municipal y la votación fue escasa. Sólo 30 del padrón acudió a las casillas.

Borrayas Ramírez detalló que sólo acudieron a votar mil 900 personas. Hubo tres candidatos, uno del PAN, otro del PRI y el tercero de la coalición Por el Bien de Todos. Con 993 votos ganó la coalición integrada por el PRD, PT y Convergencia. Ese triunfo, para los testigos de Jehová de Bejucal, no representa ningún cambio, ni para bien ni para mal.

“No votamos porque somos neutrales, no estamos en favor ni estamos en contra; simplemente, cuando alguien ocupa la presidencia municipal, lo respetamos como una autoridad porque llegó a ese puesto por el Creador”, aseveró Abisaí Domínguez, representante de la congregación de los Testigos de Jehová del barrio El Pino, de Bejucal de Ocampo.

Para el predicador, el propósito de su congregación es vivir en armonía. Respetan las creencias de sus vecinos, son amigables con ellos, pero no se mezclan en sus festividades.

Agradecido de ser uno de los predicadores más conocidos en su comunidad, aseguró que los pocos católicos tienen sus festividades y nadie les impide celebrarlas. “Nosotros simplemente no formamos parte de ellas, ni de los honores a la bandera, porque somos testigos y sólo honramos a nuestro creador Jehová”, acotó, mientras separaba maíz en el patio de su casa.

Para él y muchos del pueblo, su religión ha beneficiado a la comunidad. No tienen ambición de enriquecerse ni de tener una casa lujosa, sino su meta es trabajar y seguir en el día a día el ejemplo de Jehová. Son felices porque no hay vicios en la casa, se ayudan entre sí y se mantienen al margen de prácticas que, para ellos, podrían perjudicar su vida. Predicar lo que dice la Biblia les ayuda a ser mejores personas.

“Los testigos de Bejucal tenemos una vida sencilla, somos trabajadores, nos llevamos bien y cuando un familiar o vecino tiene un problema tratamos de ayudarlo, porque el amor se demuestra con hechos”, concluyó Abisaí Domínguez.

Bandera tricolor sin honores
Los alumnos de la primaria Miguel Alemán, del barrio El Pino, no llevan uniforme, aunque en su vestimenta no se nota la religión. Sin embargo, cuando se rinden los honores a la Bandera, el Himno Nacional no tiene eco en la mayoría. Cuando lo entonan, se escuchan más los profesores que los estudiantes.

“¡Saludar… ya!”, indicó el director de la escuela, Eleazar Roblero López, pero a esta orden sólo respondió 40% de los alumnos. Los demás se mantuvieron erguidos como soldaditos, mientras la minoría efectuaba el acto cívico.

“De nuestros alumnos, 60% son testigos de Jehová; para ellos el saludo a la Bandera equivale a amar a dioses ajenos a su religión. No los obligamos, pero lamentamos que confundan la creencia con la idolatría”, afirmó el profesor Roblero.

En los 18 años de estar al frente de esta primaria, como docente “queda cierta frustración al no poder inculcar los símbolos que identifican a los mexicanos”, confiesa. “El Día de la Bandera les hablamos sobre su origen y la representatividad que tiene ante otros países, pero su creencia es inquebrantable”, añadió.

Comentó que esa falta de participación limita la realización de eventos dentro de la escuela, además de que los segrega. Aunque cuando llega el recreo, las diferencias se esfuman. Juegan y conviven como en cualquier escuela del país.

Lo mismo pasa dentro del aula. Los alumnos testigos de Jehová son participativos, educados y ordenados, tienen buenas calificaciones, pero no le dan importancia a las materias de civismo e historia. Su religión no afecta su desempeño académico, aseguró el maestro Francisco Barrios Reyes de la Telesecundaria número 50. “Son destacados en clase y no son latosos”.

Pero en los actos cívicos o culturales, los profesores se sienten limitados. “Si queremos hacer bailables regionales para el Día de las Madres, no participan y a veces por su ausencia no completamos parejas. Son contados los que bailan. Esto es un poco triste, porque propicia que no haya mucha participación”, lamentó el maestro.

En esto coincidió Lucio Escalante, profesor de primer grado de la telesecundaria. De los 20 alumnos a su cargo, ocho son testigos, tres católicos y los demás profesan otra o ninguna religión. Dentro del aula, su buen comportamiento destaca sobre los de otras creencias, se nota que leen porque tienen más facilidad de palabra, afirmó.

Floriberta es la alumna más sobresaliente de su grupo. Es testigo de Jehová y en marzo representará a los de primer grado de su escuela en una competencia de conocimientos entre escuelas de la región de la Sierra. Para el maestro Lucio es una alumna con talento, pero Floriberta no podrá ser parte de la escolta, porque su religión se lo prohíbe.

En esta secundaria es más fácil identificar a los testigos. Cuidan higiene y presentación. “Las niñas llevan faldas más largas y los niños traen camisas bien planchaditas, en comparación con otros que asisten sucios”, comentó el profesor.

En un rincón de Bejucal
“Viva Cristo Rey en mi corazón, en mi casa y en mi patria”. Ésta es la única frase religiosa que hay en la parroquia de Bejucal de Ocampo, donde la austeridad se confunde con el abandono.

Sus puertas están abiertas, pero los fieles brillan por su ausencia. En el sencillo altar sobresale un Jesucristo en la cruz y, a un lado, la Virgen de Guadalupe. En las paredes de los costados no hay imágenes de otros santos, tampoco arreglos florales ni confesionario.

Sólo hay tres celebraciones en el año. El 19 de marzo festejan al santo patrono San José; el 8 de diciembre celebran a la Virgen de la Concepción, y el 12 del mismo mes a la Virgen Morena.

Es en marzo cuando la Iglesia católica del pueblo se viste de manteles largos. La feria en honor a San José inicia el 16 y concluye el 19. “Esos días se pone bien bonito. La iglesia luce con vida, hay pelea de gallos, baile popular con marimba y juegos pirotécnicos”, explicó Juan Daniel González, uno de los pocos católicos de Bejucal .

Sabe que los feligreses de esta confesión son pocos, pero nunca ha tratado de cambiarse a otra. Su principal creencia es tener fe en un ser supremo, servirle a su pueblo y respetar las leyes del hombre.

No se cuestiona si esto es malo o bueno, pero a sus 62 años, este pensamiento le ha permitido tener “una vida sencilla con grandes satisfacciones”, según enfatizó.

Alejados del reino de este mundo
En el Salón del Reino del barrio El Pino los testigos se reúnen viernes y domingos. Adoran a Jehová y uno de los objetivos es predicar las buenas nuevas del Reino.

Abisaí Domínguez, representante de la congregación de los testigos, contó que en estas reuniones aprenden a conocer a un Dios amoroso y, al mismo tiempo, reciben las advertencias para salvarse.

Con mirada evasiva y un poco renuente a la entrevista, el predicador destacó que su religión se encuentra en 235 países con más de 94 mil congregaciones que suman más de seis millones de fieles de los Testigos de Jehová.

“Esto quiere decir que la obra de nuestro creador se lleva a cabo en todos lados, porque las personas quieren conocer la advertencia de que este mundo en el que vivimos va a desaparecer. Jehová viene a advertirnos lo que debemos hacer para salvarnos”, señaló el predicador.

El señor Domínguez tiene 43 años y cuatro hijos. Deli, la mayor, terminó la secundaria, pero no continuó el bachillerato, porque le queda muy lejos. Ahora ayuda en los quehaceres de la casa.

Su papá es conocido en el barrio como uno de los que mejor se expresa, porque les enseña a conocer a Jehová y así encontrar el camino a la vida eterna.

Para ello, hay que arrepentirse y alejarse de las prácticas prohibidas por la Biblia. “No festejamos cumpleaños ni otras celebraciones nacionales. La Biblia rige nuestros principios y la adoración que le damos a nuestro Creador es limpia, porque Jehová es un Dios santo y quienes lo seguimos tenemos que imitar su ejemplo”, afirmó.

Su disciplina, sin embargo, es muy rígida. Quien comete adulterio, bebe alcohol, consume drogas o cae en la inmoralidad sexual tiene la oportunidad de salvarse; sólo si no se arrepiente y reincide, entonces es expulsado, porque con esos pecados no puede servir a su Dios Jehová.

http://www.exonline.com.mx/diario/noticia/primera/especiales_nacional/reina_fe_en_jehova/155225

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